Ahora el que explotó fue un avión cohete


Por ahora se aplazará un buen rato el turismo espacial

 

Anoche tuve una pesadilla sobre el Ébola


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Soñé que había llegado el ébola a Bucaramanga. Y absurdo como todos los sueños, soñé que la enfermedad había llegado en Copetrán.
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Bueno, o algo así… El asunto es que el primer enfermo acudió a su EPS (Empresa Prestadora de Salud) con síntomas avanzados de la enfermedad, allí le dijeron que esperara y se inscribiera en la entrada, en donde le darían el turno y allá debía pasar un rato en la atestada sala de espera. Como es normal en estas instituciones, luego de una hora lo llamaron para entregarle el ficho, con el cual tenía el derecho de esperar en la fila. Hasta que al fin de las quinientas, le dieron la cita para el día siguiente. La cita se la dieron, obvio, para el consultorio más alejado de su residencia, por unos de esos misterios cibernetico-burocráticos tan comunes en esas entidades. Por supuesto la cita era con el médico general para que autorizara la remisión al especialista. Desgraciadamente por culpa de los atascos y trancones del tráfico el paciente llegó 30 segundos tarde a la cita y la gélida funcionaria le dijo que ya no lo podían atender por incumplir la cita. Luego de rogar y arrodillarse, y con la ayuda de un funcionario amigo logró que le autorizaran una cita para el día siguiente con el médico general.

Al día siguiente llegó con media hora de anticipación a la cita médica, y allí tuvo que esperar hora y media observando en los mudos televisores las bobosadas de la programación matutina de las cadenas privadas. Pues como de costumbre, el médico llegó tarde, atendió a las carreras a algunos para desatrasarse y recibió un par de visitas sociales. Al enfermo al fin le llegó el turno. En dos minutos, el doctor, (en los sueños a los pacientes los atienden los doctores  en medicina o médicos, en la realidad colombiana, los “atienden” los ‘profesionales de la salud’ que nos dejó la ley 100). Retomo la idea, el profesional, luego de pesarlo medirlo y hacerle un par de preguntas sin sentido, sin realmente mirar al enfermo a la cara, firmó la remisión al especialista. El impaciente aspirante a paciente tuvo que esperar en la sala media hora para que le dieran la cita más cercana posible. Yo, que en la pesadilla seguía al enfermo (o a veces veía todo como si fuese él) me alegré al saber que el especialista lo atendería en dos días, aunque me extrañó que lo hubiesen remitido al pediatra.

En el sueño el tiempo pasó muy rápido y nuevamente estábamos en otra sala de espera y el especialista lo mandó al infectólogo. La cita afortunadamente fue para el día siguiente. Una vez llegados a la cita con el infectólogo, los dos que en el sueño ya eramos uno solo, tuvimos que pasar el filtro del portero o celador de la clínica. Este señor según la buena costumbre colombiana, se creía el amo y señor de la edificación, y en realidad era el que hacía el triage. Luego de una tarde larga comprimida temporalmente en ese sueño, al fin nos atendió el infectólogo.

Muy querido y amable hasta que dijo que se trataba del virus del ébola y con espanto se separó de nosotros mientras llamaba a la Secretaría Municipal de Salud, para que le enviaran al paciente unas dosis de Zmapp, una droga experimental, que en el sueño había llegado de contrabando desde Aruba. La señorita que nos atendió telefónicamente, dijo que esa semana era imposible satisfacer nuestra solicitud pues todo el personal de la entidad estaba en una capacitación para atender las enfermedades hemorrágicas y que de pronto, si le enviáramos un fax podría ayudarnos. El doctor le dijo que si no le servía mas bien un telegrama, pues desde hacía diez años no había visto una máquina de esas. Entonces decidimos intentar con la Secretaría de Salud del Departamento. Allí sucedió algo semejante, pues nos atendió el portero y no dijo telefónicamente que todos los funcionarios estaban en la inauguración del monumento del Santísimo pu’allá en el cerro.

En este punto de la pesadilla me quedé dormido en la sala de espera. Y soñé que estaba soñando que se había presentado el primer caso de ébola en Bucaramanga y me desperté asustado de todos los sueños. Pero me quedé pensando que de la pesadilla del sistema de salud no saldré nunca.

Nuevamente nuestra patria de primera.


Ya que ese árbitro no jodió en el mundial de fútbol y no valieron ese gol, nos tocará conformarnos con este campeonato mundial. El de días festivos.
Campeones mundiales
Eso si, empatados con la India.

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