Signo de los tiempos


Voy a un banco y me encuentro este adorno, y por supuesto, me toca fotografiarlo. No puedo dilucidar si allí son partidarios o críticos de nuestro nuevo presidente Iván Duque.

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Nuestras Fake News


 

De vez en cuando los desocupados de las redes sociales nos envían algunas pendejadas. Como por ejemplo este dizque recorte de una noticia falsa. (La cual mi amigo #crótatas diría que tiene matices de verdad).

Bueno, algo es algo.

Por el Parque San Pío de Bucaramanga


El domingo anterior, pasé por el Parque San Pío. Pobre parque. Parece un parque de algún pueblo abandonado del oriente medio. Todo un peladero como dicen por estos lados. Más tarde hablando con unos conocidos recordamos como era el parque hasta cuando terminó el Siglo XX. El parque es el resultado un un área de cesión de la firma Urbanas. Una vez pude observar el plano urbanístico original y así descubrí que su localización no es casualidad. Por allí pasa una corriente de agua subterránea, que baja por la meseta de Bucaramanga, hasta aflorar en la Quebrada El Loro. Esta corriente ha sido un dolor de cabeza para los constructores en los costados del parque y a lo largo de la carrera 29, hasta llegar a esa depresión de la carrera 27 con calle 52 y luego a lo largo de la calle 54.

El parque se diseño y construyó iniciando  la segunda mitad del Siglo XX. Y como novedad su diseño representa un cambio respecto al tradicional diseño centenarista, dos caminos perpendiculares a los costados y dos uniendo las esquinas opuestas con un espacio central para un monumento. De pronto el resultado fue por el tamaño del lote. El parque original tenía espejos de agua,(y asombroso, dos fuentes con ¡babillas!), zonas de arbustos, áreas planas de prados, zonas de bosque, especies vegetales seleccionadas, senderos arbolados y un área de deporte. Esta zona en el sitio en que originalmente estuvo en cobertizo que hizo de templo, en donde el Padre Rojas regañaba a las señoras que asistían sin rebozo o con manga sisa a os oficios religiosos y por supuesto a los jóvenes que evidentemente concurrían a observar a las muchachas.

Con el paso de los años, cada vez que se celebraba dizque el Día de la Raza, el 12 de octubre, los desprogramados secretarios de educación organizaban siembre de árboles sin ton, ni son que con el tiempo fueron cambiando el aspecto y carácter del parque. De igual manera la desafortunada selección de los árboles llamados “gallineros”para formar el bosque, no permitió el crecimiento de pasto o alguna otra especie distinta en la zona boscosa. Los gallineros expiden un rocío que evita el crecimientos de cualquier planta que les compita por los nutrientes del suelo.

Los árboles sembrados “a la loca” pronto cubrieron todo el espacio aéreo del parque, dejando sin luz solar a los prados. Una noche un ingeniero de obras pública metió un bulldozer por la calle 35 y partió en dos el parque. Los espejos de agua se secaron. Las babillas se murieron.  En el sitio original de la iglesia instalaron un puesto de policía o un CAI (Centro de Atención Inmediata, que… ¡ja!). Finalizando el Siglo el alcalde del cuento de la Ciudad de la Alegría, contrató un rediseño del parque y el resultado fue un retroceso espantoso: caminos que no conducen a ningún sitio, circulaciones truncas. Obvio el pasta del parque cada vez más escaso.

Llegado el Siglo XXI, iniciando con el nunca bien olvidado Néstor Iván Moreno Rojas con su inútil proyecto de estacionamiento subterráneo y el inicio de las destructivas y populistas ferias, con sus bazares “sociales” y que dejaban el parque como si hubiese pasado por allí Atila el Huno con sus huestes. La instalación sin método de gimnasio, juegos infantiles, un área de lectura y para rematar como compensación la llegada de la Gorda de Botero.  Si, compensación por la embarrada del destituido alcalde Vargas, con su estilizada “escultura” de fibra de vidrio, de que los ingeniosos bumangueses llamaron “Marbelle·”. Ya en el gobierno del imperativo categórico, que Jairo acertadamente definió como de la “Vitalogic, Vitaetic y Vitaestetic“, se sembró en el sufrido parque con toda la pompa y boato el famoso Pasto Japonés, cual según lo que se observa en la fotografía resultó ser un Cuento Chino.

Será llamarlo Paisajísmo Táctico.

¯\_(ツ)_/¯

Exagerando la asistencia a una reciente manifestación en Bucaramanga


En estos días estuvimos muy ocupados pensando en la forma de medir la cantidad de asistentes a una manifestación.
Pensando en la Marcha en defensa del Páramo de Santurbán del 6 de octubre. Vimos algunos trinos en las redes sociales. El trino de Jorge Ortiz Prada, (@jorgeor85454163) decía de los asistentes: “Muchos, más de 100.000”

Y Jorge Figueroa Clausen en su cuenta de Twitter era un tris más preciso (@figuerjoda) “101.345 personas”.

En la página web de la Revista semana se hablaba de 50.000 personas.

El asunto parecía algo exagerado, las primeras dos cifras equivalen a un quinto de la población de Bucaramanga. O un décimo de su área metropolitana. O un vigésimo de la población del departamento de Santander. Entonces nos dio por calcular cuanta gente cabe en la Plaza Luis Carlos Galán. Algo que parecía muy jodido, pues medir al lado del Palacio de Justicia y del Centro Administrativo nos haría parecer sospechosos. Si, sospechosos a los ojos de los paranoicos vigilantes y agentes de seguridad que abundan en el sector.

Ahí fue cuando nos acordamos de una herramienta de Google Earth que permite medir sobre las fotografías de satélite. Y así medimos la Plaza Luis Carlos Galán.

El resultado fue de 4.995,26 metros cuadrados que para efectos de nuestro cálculo lo aproximaremos a 5.000 m². Que para las cuentas, el total de asistentes los aproximaremos a cien mil para los Jorges y a cincuenta mil para Semana. Al dividir 100.000 personas entre 5.000 metros cuadrados obtenemos una densidad de 20 personas por metro cuadrado.
Y al dividir 50.000 personas entre 5.000 metros cuadrados nos resultan 10 personas por metro cuadrado. En comparación la densidad en un ascensor según la “Biblia” de los estudiantes de arquitectura es de 6 personas por metro cuadrado.

Y eso sin caminar ni zangolotearse. Una densidad más alta que la del camarote de “Una Noche en la Opera”, en la película de los Hermanos Marx.


Esas densidades ni en Metrolínea cuando el pasaje era gratis…
Bueno, dirán que todos estaban en la calle 36. Para eso recordamos un artículo sobre el tema en El País de España. (Ver el artículo). En resumen, en él luego de varios conteos con drones les sale una densidad máxima de dos personas por metro cuadrado en manifestaciones. Por eso medimos una cuadra de la Calle 36.

Los cuales aproximamos a 880 metros cuadrados, lo que daría una ocupación de 1.600 personas por cuadra. Se necesitaría una marcha de 62 cuadras, bien apretaditos para completar los más de cien mil. O 126 cuadras si van desfilando o marchando.

Y que conste que estamos por la defensa del Páramo de Santurbán. Desde pequeños no hemos entendido esa fijación y fetichismo ancestral por el oro. Ni pulseras, ni medallas, ni anillos ni dientes de oro.
Solamente que nos gustan los cálculos y nos divierte que se hable tanta chicuca.