Historia de unos escalones


En la imagen se ve parcialmente la entrada al Hotel Dann de Bucaramanga. Allí está implícita una simpática historia. Se observan en la parte izquierda de imagen, unos escalones de otro color. Ahí está la clave de esta historia.

La historia es la siguiente. El hotel por el costado de la calle 47, cerca al límite del predio, tiene un sitio de reuniones y una especie de bar o estadero, o como se le quiera llamar. Después de muchos años se dieron cuenta que el local no tenía la asistencia que habían esperado. Solo se veían hombres solos y era raro encontrarse una pareja.

Después de mucho investigar descubrieron las muchas de las mujeres consultadas afirmaban que era muy incómodo que las vieran entrar al hotel con el novio o el amigo, y posteriormente no las vieran en la terraza de la piscina del hotel. Que la gente pensaría que se habían quedado enredadas en las habitaciones de los pisos intermedios.

Así pues los encargados del local después de una larga investigación descubrieron con sorpresa que la mayoría las consultadas pensaban que era muy incómodo que las vieran entrar al hotel acompañadas del novio o el amigo, y posteriormente no las encontraran en la terraza de la piscina del hotel, que es el sitio al cual frecuenta la mayoría de los que no se hospedan en el hotel. Que por eso la gente pensaría que se habían quedado enredadas en las habitaciones de los pisos intermedios.

Entonces decidieron habilitar una entrada lateral al local, para que los chismosos bumangueses pudiesen constatar que las parejas asistían casta y recatadamente a tomarse sus cocteles o bebidas espirituosas que llaman las beatas. Y todo iba bien hasta que llegó la Pandemia y por los protocolos tuvieron que cerrar la entrada lateral. Otros afectados por el COVID-19.

Signo de los tiempos


Voy a un banco y me encuentro este adorno, y por supuesto, me toca fotografiarlo. No puedo dilucidar si allí son partidarios o críticos de nuestro nuevo presidente Iván Duque.

Nuestras Fake News


 

De vez en cuando los desocupados de las redes sociales nos envían algunas pendejadas. Como por ejemplo este dizque recorte de una noticia falsa. (La cual mi amigo #crótatas diría que tiene matices de verdad).

Bueno, algo es algo.

Por el Parque San Pío de Bucaramanga


El domingo anterior, pasé por el Parque San Pío. Pobre parque. Parece un parque de algún pueblo abandonado del oriente medio. Todo un peladero como dicen por estos lados. Más tarde hablando con unos conocidos recordamos como era el parque hasta cuando terminó el Siglo XX. El parque es el resultado un un área de cesión de la firma Urbanas. Una vez pude observar el plano urbanístico original y así descubrí que su localización no es casualidad. Por allí pasa una corriente de agua subterránea, que baja por la meseta de Bucaramanga, hasta aflorar en la Quebrada El Loro. Esta corriente ha sido un dolor de cabeza para los constructores en los costados del parque y a lo largo de la carrera 29, hasta llegar a esa depresión de la carrera 27 con calle 52 y luego a lo largo de la calle 54.

El parque se diseño y construyó iniciando  la segunda mitad del Siglo XX. Y como novedad su diseño representa un cambio respecto al tradicional diseño centenarista, dos caminos perpendiculares a los costados y dos uniendo las esquinas opuestas con un espacio central para un monumento. De pronto el resultado fue por el tamaño del lote. El parque original tenía espejos de agua,(y asombroso, dos fuentes con ¡babillas!), zonas de arbustos, áreas planas de prados, zonas de bosque, especies vegetales seleccionadas, senderos arbolados y un área de deporte. Esta zona en el sitio en que originalmente estuvo en cobertizo que hizo de templo, en donde el Padre Rojas regañaba a las señoras que asistían sin rebozo o con manga sisa a os oficios religiosos y por supuesto a los jóvenes que evidentemente concurrían a observar a las muchachas.

Con el paso de los años, cada vez que se celebraba dizque el Día de la Raza, el 12 de octubre, los desprogramados secretarios de educación organizaban siembre de árboles sin ton, ni son que con el tiempo fueron cambiando el aspecto y carácter del parque. De igual manera la desafortunada selección de los árboles llamados “gallineros”para formar el bosque, no permitió el crecimiento de pasto o alguna otra especie distinta en la zona boscosa. Los gallineros expiden un rocío que evita el crecimientos de cualquier planta que les compita por los nutrientes del suelo.

Los árboles sembrados “a la loca” pronto cubrieron todo el espacio aéreo del parque, dejando sin luz solar a los prados. Una noche un ingeniero de obras pública metió un bulldozer por la calle 35 y partió en dos el parque. Los espejos de agua se secaron. Las babillas se murieron.  En el sitio original de la iglesia instalaron un puesto de policía o un CAI (Centro de Atención Inmediata, que… ¡ja!). Finalizando el Siglo el alcalde del cuento de la Ciudad de la Alegría, contrató un rediseño del parque y el resultado fue un retroceso espantoso: caminos que no conducen a ningún sitio, circulaciones truncas. Obvio el pasta del parque cada vez más escaso.

Llegado el Siglo XXI, iniciando con el nunca bien olvidado Néstor Iván Moreno Rojas con su inútil proyecto de estacionamiento subterráneo y el inicio de las destructivas y populistas ferias, con sus bazares “sociales” y que dejaban el parque como si hubiese pasado por allí Atila el Huno con sus huestes. La instalación sin método de gimnasio, juegos infantiles, un área de lectura y para rematar como compensación la llegada de la Gorda de Botero.  Si, compensación por la embarrada del destituido alcalde Vargas, con su estilizada “escultura” de fibra de vidrio, de que los ingeniosos bumangueses llamaron “Marbelle·”. Ya en el gobierno del imperativo categórico, que Jairo acertadamente definió como de la “Vitalogic, Vitaetic y Vitaestetic“, se sembró en el sufrido parque con toda la pompa y boato el famoso Pasto Japonés, cual según lo que se observa en la fotografía resultó ser un Cuento Chino.

Será llamarlo Paisajísmo Táctico.

¯\_(ツ)_/¯