Otra opinión sobre la apresurada y chambona implemetación ciclorutas


Una columna del Diario Vanguardia (Ex Liberal)

¿Enemigos de la ‘bici’, o de los desaciertos?

No estoy en contra de las ciclorrutas, lo que considero es que en nuestras vías no hay espacio para hacerlas debidamente.
martes 02 de julio de 2019

La administración municipal de Bucaramanga decidió adaptar 17,4 kilómetros de vías vehiculares de la ciudad para que sean ciclorrutas. Con el riesgo de ser satanizado por opinar en un país tan emocional y polarizado, haré algunos comentarios al respecto.

¿Esta medida ha sido sosegadamente estudiada, debidamente socializada y evaluada? ¿Se sabe cuántas familias derivan su subsistencia en tales lugares de tiendas, micromercados, centros de fotocopias, papelerías, pequeños almacenes de ropa y miscelaneas, panaderías, restaurantes, clínicas de ropa, peluquerías, etc? ¿Hay certeza de que esos negocios no se afectarán en sus ingresos? ¿Se ha establecido cuántas personas y familias derivan su sustento de tales actividades mercantiles? ¿Se ha tenido en cuenta que en Bucaramanga no hay grandes empresas, ni es nicho de desarrollo tecnológico, ni destino turístico, sino que el grueso de su población deriva su sustento de pequeños negocios?

¿Antes de tomar esta decisión gubernamental se hicieron estudios serios, sopesando sus fortalezas y sus debilidades? ¿Antes de dar el paso adelante se evaluó hasta la saciedad la experiencia del uso real de la ruta de ciclovía que se implementó por la calle 32, la Aurora, las cercanías del Estadio y la UIS? ¿Cuántos biciusuarios deambulan por ella a diario?

Bucaramanga tiene un gran cuello de botella: sus vías vehiculares son muy angostas y se les va a quitar 2 metros. ¿Cuántos usuarios de bicicleta realmente hay en Bucaramanga?

“Las calles de la ciudad no son solo para los automóviles” dicen los defensores de tal medida. No estoy en contra de las ciclorrutas, lo que considero es que en nuestras vías no hay espacio para hacerlas debidamente.

¿Se ha evaluado cuántas personas mayores de 60 años hay en la ciudad? ¿Cuántos llegarán a tal edad en los próximos 10 años? ¿Cuántos discapacitados hay? Muchos interrogantes brotan y las respuestas son insatisfactorias.

Y algo más: esta medida ha sido torpe, romamente socializada.

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Planificación a las patadas


Una interesante y equilibrada opinión sobre el tema de las ciclorutas que piensan poner a la brava en Bucaramanga.

Por: Iván Leal

Reclamar cuando ha sido vulnerado un derecho como el que consagra la participación de los ciudadanos en las decisiones que les afectan, hoy en Bucaramanga, es causal de marginación. De manera incansable en diferentes tribunas pretenden convencer a la ciudad con toda la artillería de dominación que caracteriza a la administración municipal y sus aliados, que son razones politiqueras y oportunistas las que se esconden en la creciente oposición a la pésima planificación de ciudad expresada en la construcción de 17,4 kilómetros de ciclo-infraestructura, en sectores que adolecen de andenes para los peatones y cuya vocación comercial e industrial ha sido ejercida desde hace más de 40 años. Es tal la mezquindad que les asiste que se les ocurrió graduar con el título de enemigo de la bicicleta a todo aquel levante la voz para reflexionar, sobre los errores contenidos en la planificación de la ciudad de cara a la imposición de la obra pública que privatiza un carril de los dos que tienen los corredores viales intervenidos. Ahora bien, es preciso mencionar que se equivocan en su alucinación de meter a todos los líderes de base en el mismo costal y con ello someterlos al escarnio público y silenciarlos.

Estamos ejerciendo nuestros derechos constitucionales y trabajamos fuertemente en divulgar el mensaje de lo siniestra que ha sido esta obra para el interés general, promocionada a partir de falsos dilemas como el que esgrimen acerca de una contribución grande para frenar el aumento de las emisiones de gases que profundizan la crisis del cambio climático. Prueba de la falacia con la que embelesan a la ciudadanía es que los reportes del día sin carro, el pasado 26 de junio de 2019, mostraron un aumento en la contaminación del aire, como lo reportaron diferentes medios de comunicación del ámbito local y nacional. Entonces si tenemos presente que era el transporte público estrato ocho, el que andaba rodando por la ciudad, podemos inferir que el problema no solo se reduce al caos vehicular sino que también obedece a la falta de modernización de los vehículos que prestan el servicio en la ciudad. Esto es planificación, sencilla y necesaria. Esta es la racionalización a la que invita Onu-habitat  en la estrategia de “La bicicleta como medio de transporte”, la misma que está contenida en el Plan Maestro de Movilidad AMB 2011-2030.

En ambos documentos se conmina a la ciudadanía a través de sus representantes electos en el ejercicio democrático, a REFLEXIONAR una visión de transporte sostenible a partir de lineamientos, estrategias y acciones que garanticen el éxito de la movilidad urbana. Es decir que no sea cosa de una moda efímera. Dicho en otros términos, la planeación de ciudad no se puede dar como un embeleco pasajero sino como el fruto madurado de un trabajo de complementariedad que en materia de movilidad esté articulado con un transporte público de calidad, espacios adecuados para los viajes a pie y la organización de una ciudad que creció con vocación comercial e industrial. 

Así a unos pocos les incomode, lo cierto es que siguen grabando imaginarios fantásticos sobre nuestra identidad. De ahí la resistencia propia del santandereano a un cambio sin fundamentos serios, sin pensamiento crítico y sin el rigor de la lógica. El argumento con el que resolvían el problema que ocasiona el caos vehicular a la movilidad urbana fue un trabajo de demostración a través de la reducción al absurdo. Los genios de la administración municipal se valieron de artilugios escurridizos para llegar a la conclusión que primero era la ciclo-infraestructura y luego la planificación de la ciudad como sistema, principalmente porque tienen que cumplir con la promesa del Plan de Desarrollo. No importa si tienen que pasar por encima de toda una ciudad. Sin embargo aclaremos, no es una minoría como nos quieren mostrar, lo que pasa es que los ciudadanos están cansados de ver a Bucaramanga enfrascada en las diatribas de una clase que no quiere renunciar al poder, los unos o los otros, da igual. Además en esta época de intolerancias exacerbadas  reclamar derechos y exigir de la administración municipal el acatamiento del orden jurídico se ha convertido en un delito. Lo llamo el mundo al revés. Acudir a los mecanismos de participación ciudadana para hacer un control político directo como ciudadanos es motivo de condena. Y al mejor estilo de la época de las brujas de Salem, la conciencia de Bucaramanga se forja con fuego, a las malas, con la reducción de un carril, así no tengamos transporte público moderno y ambientalmente amigable, así el transporte informal sea una opción válida, así el espacio público esté concesionado para el comercio informal, así la pedagogía y la concertación no sean el camino para aprender a cuidar la vida de las actuales y futuras generaciones. Insisto. El mundo al revés. Sin embargo la justa lucha sigue.

Lo dicho, una valerosa opinión que reproducimos a riesgo de que los biciusaurios nos etiqueten…

pues, todos tenemos que seguir a Manolo. Y alabar el vestido nuevo del Emperador.

“Definitivamente esos de Tránsito de Bucaramanga no sirven pa’ un sieso”


Esa fue la frase de una charla que le escuchamos a un par de señores el viernes pasado en el Parque Turbay.


Eso pasa siempre que inicia un puente festivo, por la noche el parque se vuelve una sucursal ilegal de la terminal de transporte, y como en Bucaramanga, los agentes y el director se acuestan como las gallinas, en las calles reina el caos“.

Pues si, como se observa en las fotografías que nos apresuramos a tomar, los buses con toda la parsimonia del caso estacionados ocupando un carril de la carrera 27.

Y para más complique, estacionan obstruyendo la parada de Metrolínea. Por eso el conductor bus tiene que parar a recoger y dejar pasajeros en la mitad de la calzada.

Y pasan a toda mecha con ese ruidajón esos vergajos de las motocicletas de alto cilindraje que parece que con la moto les vendieron un lote en el parque cementerio.” Continúan comentado los señores.

Y no solo en la 27, en las calles laterales no es raro ver motos en contravía y por los andenes. Y sin luces. ¡Ah! Y los de los carros no se quedan atrás, son muchos los que andan sin las luces, unos les grita que prendan las luces y algunos agradecen. En cambio a los de las motos si se les les avisa que van sin luces o ‘comiendo flecha’, se embejucan, y de buenas si apenas nos gritan: ¡’Sapo HP’!”

¿Y qué me dices de los ciclistas? Ahora pasan en manadas algunos llevan luces, pero otros parecen especializados en viajar por los andenes, u no respeten un semáforo ni el sentido de las vías… Y los peores son los que andan con cachucha y morral naranja. Unos pingos que hacen domicilios, van por donde se les da la gana y hasta en las colas de las tiendas y restaurantes de comida rápida se cuelan como si fueran dueños del negocio. No respetan. Yo dejé de ir a comprar esos sánduches en el Metropólitan pues los empelados permiten que esos vergajos se salten las filas.

Si realmente, si los señores agentes de tránsito sirvieran para algo distinto de escoltar entierros, y vigilar el pico y placa, esa entidad tendría una buena fuente de ingresos.

Tengo que volver a pasar por ese parque, se aprende mucho.

 

¿Como que en Metrolínea aún andan por las nubes?


Eso de leer los avisos clasificados de la prensa es un deporte muy entretenido. Se encuentran unas bestialidades…

Como por ejemplo lo que encontré el sábado anterior. Resulta que han publicado un aviso anunciando el proyecto de la Estación Norte de Metrolínea con una solicitud de licencia radicada ante un curador urbano al cual hace tres meses le declaró el alcalde la terminación del periodo. Aunque usted no lo crea…

Y así todo. Por ejemplo eso de las rutas complementarias es el inicio (a los 8 años) de reconocer el fracaso del pomposamente llamado Sistema Integrado de Transporte Masivo, que realmente no es nada de eso.