La biblioteca del hombre ilustrado


Nuestro amigo Ramiro nos remite un texto y unas gráficas. Él es un curioso explorador de revistas de arquitectura, de esas que realmente por acá son más de decoración; el texto es algo así como un análisis gráfico de una hermosa biblioteca que encontró en una revista, al mueble se le cataloga como biblioteca francesa. Nuestro amigo aclara que no señala la fuente para no herir susceptibilidades. La imagen del mueble es la que se aprecia a continuación.

Veamos su análisis y comentarios:

A primera vista la biblioteca es impresionante: madera fina, amplios estantes y una escalera apropiada para alcanzar los libros de la parte superior, algo que extraño cada vez que busco algún libro ya sea para consultar o releer. Y lo que más llama la atención es su orden.

Siempre he desconfiado de las bibliotecas demasiado ordenadas pues me recuerda una historia que contaba mi padre, sobre un pariente que hace años al estrenar casa nueva y al mostrar orgullosamente el estudio a sus parientes, estos le hicieron caer en cuenta que al estudio, muy elegante con su radio de onda corta Telefunken a tubos, sus costosos cuadros de estrene, impresionantes lámparas, y su poderoso escritorio de finas maderas rodeado de cómodos sillones le faltaba tener algo más interesante en la biblioteca. Que le faltaban libros, pues solo tenía la enciclopedia “El Tesoro de la Juventud”, un par de libros del colegio y tres de contabilidad. Así el pariente al que llamaban ‘Don Millón’ dio la orden de comprar tres metros de libros rojos, dos metros de libros verdes y metro y medio de libros azules.

Una vez pasado este preámbulo volvamos al análisis. Como la Don Millón, esta biblioteca no tiene casi libros. Se ven unos al fondo de esos que regalan a fin de año las empresas, que generalmente son de Villegas Editores, ejemplares de de gran formato y con muchas fotos para no tener que perder tiempo en la lectura. Adicionalmente se observan algunas revistas y unos volúmenes con pasta de argolla, que no sé por qué pero tengo el presentimiento de que probablemente son fotocopiados.

En otro rincón de la biblioteca se puede apreciar uun grupo de libros que probablemente si se hayan consultado: algo sobre perros, uno que otro álbum de fotografías y al fondo algo que parece ser un Condorito. Encima una colección de discos compactos de música, que vistos por encima no se alcanza distinguir ninguno llamativo.

La parte que más me atrae, o punto focal de la organización, lo constituye la cantidad de videos, de los que no me quiero imaginar cuál será el género dominante. Y recostados contra el fondo, los infaltables discos piratas de música en MP3, de esos que venden en las esquinas y se encuentran en la inmensa mayoría de las viviendas de este país. Así como antes en cada casa había un par de infaltables libros, los dos primeros tomos de la Biblioteca Básica Salvat: La Tía Tula y Secretos del Cosmos.

Se podría pensar que por los cambios tecnológicos, la gente ya no lee. Puede ser… Pero entonces queda la duda, ¿la biblioteca fue diseñada para contener libro, por sus dimensiones, (mas o menos 45 centímetros de profundidad) o para qué otra función?

Interesante la vaina que analiza Ramiro, pero no explicó de dónde pueden haberse inventado eso de biblioteca francesa, pues me parece tan francesa como lo es el ‘pan francés’ que venden en Colombia.

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