Dos clases de comercio


En la calle 36 de Bucaramanga. Pasan raudos los peatones sin entretenerse con las ofertas de la calle.

Signo de los tiempos


Voy a un banco y me encuentro este adorno, y por supuesto, me toca fotografiarlo. No puedo dilucidar si allí son partidarios o críticos de nuestro nuevo presidente Iván Duque.

El posible futuro del parque La Flora


En la semana anterior se preguntaba el subpasquín Gente de Cabecera sobre el futuro del Parque la Flora. Múltiples respuestas nos pasaban por la mente. En esos días el diario (El Pasquín lo llamaba mi padre) Vanguardia Liberal señalaba la polémica respecto al traslado del los vendedores ambulantes al parque Centenario.

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Esa maniobra para despejar de vendedores ambulantes el espacio público llevándolos a unos parques (que son también espacio público), me recuerda un pasaje de una poesía infantil de Rafael Pombo llamada “Simón el Bobito

Vio un montón de tierra que estorbaba el paso
Y unos preguntaban ¿qué haremos aquí?
Bobos dijo el niño resolviendo el caso;
Que abran un grande hoyo y la echen allí

 

Acá abrieron tres hoyos.

Un amigo preocupado nos comentó: “Esa vaina es retroceder más de treinta años, a los tiempos de la Asociación de Municipios del Área de Bucaramanga – AMAB-. Cuando el Parque estaba invadido por los vendedores. A ese paso esos muchachitos seguidores del alcalde Rodolfo van a volver a traer a los alrededores del Parque Centenario las terminales de buses empresas intermunicipales de buses, parece que con la “integración de los cacharros de buses a Metrolínea se están dando los primeros pasos. Y también a los mayoristas de víveres y abarrotes a los alrededores de la plaza de de mercado del centro. ¡Pendejos que no conocen la historia y creen estar innovando!”

La caparazón de las chicharras


Ya estamos llegando casi a la mitad ensordecedor mes de febrero. Ensordecedor por el canto de las chicharras alborotadas por el calor. Y las chicharras casi no se ven, se escuchan con su ubicuo cantar. De vez en cuando encontramos en los árboles sus caparazones abandonados al final de su metamorfosis, caparazones que de niños usábamos prendidas en las camisas como orgullosa condecoración, (para el espanto de algunas niñas).  Les decimos chicharras, los poetas y cantantes les decían cigarras. Tal vez por el nombre de chicharra se impuso por su estridente cantar. Eran muy comunes en las acacias que abundaban en Bucaramanga. Todo eso ha cambiado. Si se lee con cuidado la letra de la canción

Dos estrofas de la Canción Señora Bucaramanga

Señora Bucaramanga
Señora de las cigarras
que tienes mujeres bellas
y esbeltas como sus palmas

…. 

Suspirando porque un día
como cantara el trovero
pueda dormirse por siempre
frente a tu parque Romero.

Ya ni se ven las cigarras, casi ni las palmas, y muy pocos aspiran a que sus huesos terminen en el cementerio que queda al frente del Parque Romero.

Si se desea acá está para escucharla la canción Señora Bucaramanga.