El masaje mediático de la transparencia


Por considerarlo de importancia en esa época de influencia de los medios, transcribimos el siguiente artículo publicado originalmente en la página de Radio Melodía

El masaje mediático de la transparencia

Por: IVÁN RAMIRO LEAL CABEZA

Se preguntaba Diego caricaturista hace unos días si a nadie le parecía gravísimo que construyeran el sendero de los Cerros Orientales sin licencia, sin el rigor de los requisitos. Ahí surge esta reflexión simple. Motivada por la percepción que el gobierno de la ética estimula con filigrana de Agitprop.

Así las cosas, considero necesario recordar que ya han pasado cuatro años de la Administración de la Lógica, que sumados a los casi tres de campaña, luego del desengaño que tuvo Rodolfo con Lucho y por el que partieron cobijas, que le han servido al recto ex alcalde para construir un metalenguaje en el que sus interlocutores legitiman las ligerezas de sus actuaciones.

Se trata de toda una estructura al servicio de la corrupción con herramientas diseñadas para incidir en las emociones de un público objetivo y transformarlo en una audiencia deformada, conforme con lo que lee en los labios del proyecto de caudillo que ha de revelar el sendero, que como el de los cerros nos llevará al pináculo de la transparencia. En ese camino labrado por una propaganda magistral se inhibe el entendimiento de modo que pasamos por alto los detalles de la legalidad como son los proyectos llevados al Concejo sin el lleno de los requisitos legales, o el PDDM maquillado a sabiendas de tener metas con un porcentaje de avance en cero, y encontramos que la responsabilidad es del otro, del que hace oposición, razón por la que debe ser sometido al linchamiento moral en los diferentes canales de comunicación del régimen.

Lo que ocurre es que el poder de las redes es tal que desde su tribuna, la del proyecto de caudillo pareciera que ha logrado arrodillar a los entes de control, los veedores y la justicia. Sacar proyectos adelante sin el cumplimiento de cada uno de los hitos que el ordenamiento jurídico ha establecido para la administración del Municipio bien podemos decir que ha sido la regla.

El ejemplo más claro y plausible para mí, ha sido la construcción de la ciclo-infraestructura. Proyecto en el que se condensa una filosofía en la que va porque va, en el camino corregimos y si nos demandan pues de todos modos ya se hizo. Así resumido para no entrar en los detalles del proceso que a través de los mecanismos de participación ciudadana hemos logrado enderezar.

La obra que no es bondadosa para todo el mundo, si es lesiva para el ambiente por las afectaciones a la calidad del aire y la contaminación auditiva generadas por las colas, el estacionamiento involuntario, la ausencia de pedagogía y la neurosis colectiva que ocasiona la impotencia de hacer viajes rápidos. Cabe resaltar que lo anterior se suma a su carácter excluyente pues se aparta de la participación ciudadana y tiene un enfoque exclusivo en una población objetivo que no es numerosa y al parecer la inflaron. Y esto último que no sea motivo para estimular la intolerancia, toda vez que hacemos un análisis a la luz de las evidencias que hemos encontrado.

Finalmente y aquí está la respuesta a la pregunta con que inició este escrito, es que en el camino encontramos todos los vacíos de planificación rigurosa para una obra que no afectaba a un solo grupo focal sino a todos los habitantes del municipio con sus dinámicas de vida cotidiana, ausencia de concertación y socialización, errores en el diseño detallado, falta de estudios de impacto económico, entre otros, pero sobre todo las acostumbradas ligerezas normativas a las que nos acostumbraron en la administración de la Lógica, la ética y la estética como son la falta de adopción de planes maestros de ciclorrutas y movilidad, y las modificaciones al POT que deben surtir unos procesos como son audiencias públicas y el paso obligatorio por el Concejo de la ciudad.

Ahora con demanda a bordo la ciudad es un caos, pero todos están felices. Menos quienes entendemos que es gravísimo caer en los vicios del va porque va. El desacato de las normas también es corrupción. Respetar las instituciones es un valor que debemos aprehender como ciudadanos para no caer en el inframundo de la tolerancia con el delito.