En las navidades de finales del siglo XX


En esa época no habían prohibido los globos de aire caliente. Se acostumbraba lanzarlos en las noches de diciembre y parte de enero. Los hacían de papel de seda de variados colores y los vendían en las papelerías y tiendas de los barrios Algunos vecinos exageraban y los fabricaban gigantes  de papel periódico reforzados con cabuya y alambre grueso de colgar ropa, con hachones y mechas de tamaño de un balón de micro fútbol. Estas se impregnaban de kerosene o “petróleo” como se le decía por acá que se compraba por la salida a Pamplona cerca de la casa del Mago Jesús.

Los niños por las noches perseguían los globos de tamaño normal para ir a su casa a lanzarlos reciclados como hoy en día lo hace Elon Musk con sus cohetes. Y por andar en esas siempre llagaban tarde a la cena navideña de la familia y muchas veces se quedaban sin los globos y sin el tamal.