¿Estadista?


Sonrisal

Esto es lo que vemos cuando como alcalde de Bucaramanga elegimos a un personaje con más vocación de farándula que de manejo de la cosa pública.

¿Bendición? Otra cosa pensarán los niños y adultos que por el torrencial aguacero  que no pudieron ver la actuación de Carlos Vives, o los jóvenes que en estos momentos están reuniendo dinero para revivir sus celulares dañados por la lluvia. Y es que acá, al contrario de todo el mundo, los conciertos inician a la hora que se les da la gana a los organizadores (Carlos Vives inició cerca de la una de la mañana). En toros lados fijan un horario estricto por respeto a los vecinos, mientras acá el horario lo fijan los empresarios por una sencilla razón: Solamente inician hasta que se ha vendido suficiente licor, que acá es casi obligatorio. Mientras tanto los artistas sentados entre bambalinas escuchan a los animadores decir que “por problemas en las conexiones aéreas…”.

(Bueno, solo le quedan 98 días para terminar su mandato – o acabar con la ciudad-)

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