El mal gusto nunca muere, o (la resurrección de un esperpento)


Me llega un correo titulado:

“Marbell en el tierrero”

Y viene acompañado de unas fotografías de las que escogemos un par, y este texto:

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Me parece que es cerca al “tierrero” donde este esperpento ahora adorna la urbe. Una cosa sí tiene la administración y eso es la coherencia, porque se sabe que allá llegan las cosas producto de robos e irregularidades.

¡Resucitó!

Esa dizque escultura que estuvo en el Parque Santander. Y que luego de descubrirse la cagadota de la contratación (la escultura era supuestamente de bronce y resultó ser de fibra de vidrio, la obra se instaló antes de darse el acta de inició de obra y luego de tratar de pagar una gran cantidad de dinero por ese bodrio, resultó que dizque era un regalo del artista).

Por una serie de televisión la escultura llamada “Calentamiento Global”, pese a intentarse colar a las celebraciones del Bicentenario, resultó siendo llamada popularmente Marbelle. Cuentan los que saben que la artista estaba feliz por el hecho de que la ciudad le hubiese dedicado una estatua, hasta que vio la foto. Y el ex alcalde Fernando Vargas para desembarrarla, como buen nuevo rico, salió en pela a comprar un costosísimo Botero, esa parecida a Yidis Medina que observa el desértico Parque San Pío. (Vea el parecido en este enlace).

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Como se observa en la foto, la escultura está remendada, luego es difícil que sea de bronce.

A propósito, el título de la entrada no hace referencia al alcalde Bohorquez, me parece que a él le luce la ropa deportiva, va otro ejemplo,

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