La inmovilidad nuestra de cada día


Transpor2Encuentro una carta del lector al diario local que coincide con algo que he estado pensando.

Congestión Cra 31

Desde el año pasado la Dirección de Transito informó sobre la opción de dejar la carrera 31 desde la calle 49 hasta la Avenida González Valencia en sentido norte-sur. Esto quedó en estudios y promesas que a la fecha no han tenido resultados. Pues desde hace unos días el Amb ha ofrecido más argumentos a la inmensa congestión, pues decidió autorizar tres nuevas rutas de buses convencionales por esta vía, las 27, 28 y 28A. No sé que más va a esperar el Alcalde y el Director de Tránsito para definir este cambio vial, que junto con los únicos sentidos viales complementarios y la restricción de cruces en la Calle 56 en el sector de Cabecera, se vuelven imprescindibles.

Orlando Plata Gomero

Efectivamente, la administración hizo un audaz movimiento en el sistema vial que recuerda una de las soluciones geniales de Simón El Bobito:

Vio un montón de tierra que estorbaba el paso
Y unos preguntaban ¿qué haremos aquí?
Bobos dijo el niño resolviendo el caso;
Que abran un grande hoyo y la echen allí.

El asunto es así: Nuestros genios locales despejaron las vías principales de rutas de buses convencionales y las metieron en las vías internas de los barrios. Como en la carrera 29 y la calle 45 para citar solamente dos ejemplos. Así ni le dejaron a Metrolínea las vías principales, ni  dejaron las vías secundarias y terciarias con el tráfico para el cual fueron diseñadas. Todo en nombre de la cacareada MOVILIDAD.

Y no es que esos cambios obedezcan a una forma democrática de repartir el trancón, ni deseos de servir con el servicio de transporte todos los barrios, y menos en tratar de privilegiar el transporte público. No. Simple y llanamente desorganización. Pues acá no hay autoridad. O mejor hay muchas autoridades. El ente llamado Área Metropolitana de Bucaramanga es la autoridad de transporte, con un sistema de planificación tan autoritario que envidiarían los gobernantes de Corea del Norte, y se sabe que la oficina de la gerencia de esa entidad tiene un insuflador del ego absolutamente eficaz. Dicen los chistosos que por ese endurecimiento del ego los gerentes del área nunca han necesitado chalecos antibalas. (A propósito, ¿alguien sabe quién es el prepotente y ‘patihinchado’ funcionario público que vive por los alrededores de la calle 42 con 28, que al llegar hace tan exagerado alarde de guardaespaldas?)  Para complicar más las cosas, cada municipio tiene su propia “autoridad” de tránsito, generalmente dirigida por un ‘politiquero’ en plan de reencauche, cuando no se trata de un calanchín de algún Honorable Concejal. En las calles, los agentes de tránsito que acá llaman con el sonorísimo plural de alféreces no hacen nada por dirigir el tráfico pues son pocos y están en plan de jubilación; eso si son una especie gregaria. Vea un análisis del comportamiento de los agentes de tránsito local. Cuando se anuncian decisiones que afectan  a la comunidad, siempre dicen que fue dizque “El Comité de Transporte”. Lo que no deja menos de producir risa pues por algo hay un dicho que reza: “Si quieres que algo no funcione, crea un comité“.

Por otra parte, hay que añadir que además de la locura de rutas que han generado para privilegiar al ranqueante sistema de Metrolínea, hay que añadirle a la ecuación la creatividad de los conductores de los buses convencionales, al modificar sin autorización las rutas, pasando por los lugares más insospechados, lo que puede ser una versión rara de turismo sorpresa. No hay que negar el aporte de los ciudadanos en esta vacaloca, ya sea a pata o en mototaxi o en buses supuestamente “especiales” o “escolares”.

Sobra decir que el sistema de vías, en sentidos, cruce y preferencias de la Bucaramanga de hoy, no es el fruto de un estudio serio y concienzudo. Es simple y llanamente la acumulación de pequeños cambios y modificaciones, un enorme palimpsesto creado a punta de nuestro “método científico” preferido, el de prueba y error.

Y en lo que a Bucaramanga compete, nunca deja de maravillarme las absoluta falta de coordinación de los semáforos. Semejante ataxia no puede ser obra del azar, eso debe ser planificado. Aunque si uno lo piensa quedan sus dudas. Cuentan los que saben que en esta ciudad por allá a principios de los años ochenta se contrató la compra de un computador para la dirección de tránsito. Marca Siemens, Era algo asombroso para la época. Era tan grande que tuvieron que construir un edificio especialmente para el equipo. Dicen que ese dinosaurio aún funciona en la esquina de la carrera 17 con Diagonal 15 y Calle 50, en ese ángulo agudo que se aprecia en el mapa de abajo. El contrato se dice fue muy cuestionado y hubo rumores de que sucedieron cosas debajo de la mesa, sin embargo solo se sabe del agradable viaje de capacitación que hicieron algunos funcionarios al país de origen de la firma proveedora. Me dicen que ese computador analógico tiene menos potencia que mi Samsung Galaxy S3, así será la vaina.

Computransito

 

Punto aparte merece Metrolínea. Un raro Frankenstein con pedazos de Estado y privados, operadores, ente gestor, recaudador, estaciones, etc. etc. En donde su pusilánime primer gerente lo único que supo hacer fueron malos contratos y pésimas decisiones. Vea como cambiaron las rutas el primer año y medio de funcionamiento.

¿Soluciones? No se ven a corto ni mediano plazo, no comento más pues de pronto Consuelo me regaña.

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