El Apocalipsis en Bucaramanga


Dos conocidos fieles creyentes del extensamente anunciado fin del mundo, casi me tenían convencido de la proximidad del apocalipsis, por eso me di a la tarea de elaborar esta particular tarjeta decembrina, con mi interpretación de como se vería el arcángel desde el andén de la Alcaldía de Bucaramanga, o la teofanía de Lucho. Y la publico para no perder el esfuerzo.
Por si las moscas

¿Y por qué me desencanté de mis amigos alarmistas? Pues al observar sus preparativos y escuchar sus comentarios. Uno de ellos, Fabian Perroquet* empezó a decir que eso ojalá no pasara nada, que tal y pascual, pero en la tienda de la esquina me comentaron que casi agota las existencias de atún enlatado y velas, pues se está preparando para sobrevivir el final. ¿Entonces qué? ¿El final del mundo será parcial? ¿Será un fenómeno localizado y sin la espectacular y hollywoodezca coreografía que nos describe el Apóstol Juan en el Apocalipsis? Decepcionante la vaina.

Y el otro par de amigos informantes, Sergei Parranovich* y Ferdinand Fercho*, me contaron que el otro profeta: Herr Klaus von Divavieha*, venía preparándose desde hace un par de años, que compró una finca por los lados de Zapatoca, y allí tiene un refugio que debe ser a prueba de fines del planeta, sitio privilegiado en donde por lo visto el fin del mundo será parcial. Lo que a mi modo de ver es un contrasentido, pues eso es como decir que “la señorita está medio embarazada“.

Pero lo que me acabó de decepcionar fue cuando me puse a indagar por los detalles de los sucesos por venir. Me dijeron que había que ir en tenis hasta Zapatoca y antes de que se acabe decaer el puente sobre el Sogamoso. Cuando pregunté el por qué se tomaban la molestia de ir hasta Zapatoca por esa carretera que han pavimentado sin pavimentar más de diez veces, me contestaron:

Es que el 21 de diciembre Bucaramanga va quedar vuelta mierda“.

Me tocó  decirles: “No joda, en eso se les adelantaron los políticos”

A  propósito, tengo para la venta unas latas de atún…

* Nombres cambiados para que no me levanten a pata.

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