El Canto de las Chicharras


Al caminar por las calles de la Bucaramanga con los últimos manchones de las luces del crepúsculo, luego de aguantar el calor remanente de un día soleado, mientras por las Montañas de los lados de Pamplona se asoma una luna jorobada, un ruido en el ambiente empieza llamarnos la atención, es el estruendoso trepidante cantar de la Chicharras. Una aclaración para aquellos nacidos a mediados del siglo pasado, no se trata de los últimos puchos las colillas de marihuana. No. Se trata de la Cigarras a las que les cantan los poetas. (En la tierra en que aún le cantan a la erosión, – los estoraques- y a los cancerígenos – el tabaco.-) Si no sabe de que estamos hablando, si no las ha escuchado o simplemente desea recordarlas puede oirlas utilizando el reproductor de SoundCluod que está en la parte inferior.

La más antigua canción de amor de la región que he escuchado.

Se dice que estos insectos son los miembros más grandes en tamaño de los Homoptera. (Magicicada septendecim), será creerles. Abundan en tiempos cálidos en Bucaramanga. La Bucaramanga, de varios nombres, la ciudad que ha tenido varios Alias ‘La ciudad más limpia de Colombia’, ‘La ciudad de los Parques’, ‘La más cordial’, la ‘Ciudad Bonita’, en el libro de José Joaquín García la llaman “La Sultana del Suratá”, uno llamó la ‘Ciudad de la Alegría’, otro la convirtió en ‘La Ciudad de los Cepos’ y José A. Morales la cantó como ‘Señora de las Cigarras’.

Al mirar los troncos de los árboles se encuentran los secos cascarones de las chicharras, los que los niños se prendían en las camisas como condecoraciones y les servían para asustar a las niñas.

Se dice sin confirmarse, que las pobres chicharras o cigarras, pasan la mayor parte de su vida bajo tierra. Mucho se especula sobre le ciclo vital de las chicharras, pero sospechamos que no ha habido ningún estudioso con la suficiente paciencia para averiguar o confirmar los que siempre se ha sostenido: Que las chicharras viven diecisiete años bajo la tierra, en forma de pupa o ninfa y luego salen de adultas, trepan por los árboles cambian su piel y quedan convertidas en adultas. Cantan las hembras llamando a los machos, se aparean y allí termina su ciclo y empieza el de sus descendientes.

Pedro Pablo comenta que con la creciente urbanización de Bucaramanga, y el abuso de constructores y propietarios, y especialmente de la Oficina de Planeación que sacó un manual de espacio público aparentemente financiado por los productores de cemento, al endurecer o encementar las zonas verdes y antejardines; las pobres chicharras nacidas en hace años cuando vayan a salir de la tierra, no van a poder hacerlo y si lo hacen no encontrarán árbol en que trepar.

Solamente quedará el Parque de las Cigarras, un parque con hermoso nombre y que afortunadamente fue construido sin canchas polideportivas (Escenarios machistas y excluyentes con los niños y adultos). Lástima que nunca se terminó el diseño que originalmente contaba con la representación de los cuatro elementos de los clásicos: agua, aire, tierra y fuego. Una fuente enrazada de lavapatas de San Agustín, un molino de viento, una campana con badajo inverso como sismómetro y un reloj de sol. Dos no se construyeron, la fuente y el molino ya no funciona.

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