Paradoja (Texto, imagen y sonido)


Por considerarlo pertinente transcribimos integralmente esta columna de Vanguardia Liberal. Artículo que originalmente encontramos reproducido en la página de Citu, de donde tomamos la fotografía.

Paradoja

El jueves 21 de abril visité el barrio Villa Helena del norte de Bucaramanga, uno de los lugares más afectados por el invierno. El rio Suratá rugía con fuerza. En el albergue del sector, ese día descansaban más de 60 personas, que entre Diciembre y Abril abandonaron sus casas, algunas destruidas por las fuertes lluvias. Plásticos verdes dividen los cuartos para cada familia. Viejas colchonetas y otros plásticos funcionan como lecho para dormir. En la cocina, un mueble azul desocupado y una nevera con dos huevos, media botella de leche y algunos sobros de comida, constituyen el almacén de alimentos para las numerosas familias. Según la comunidad, cumplían más de un un mes sin recibir mercados por parte de la Alcaldía, sólo la alta consejería y aquella tarde la organización Sombrillas Abiertas, habían asistido medianamente las profundas necesidades de niños y adultos, que en pocos meses perdieron todo y ahora dormían a centímetros del piso en un albergue desolado de esperanza.

Preocupado decidí llamar a Freddy Raguá, funcionario del municipio. Raguá, siempre cordial con Sombrillas Abiertas, agradeció las ayudas humanitarias y solicitó mayor apoyo. Me contó que entregarían pronto algunos subsidios de arriendo, pero que no habían conseguido colchonetas para la estadía en los albergues. Me imaginé que el presupuesto no les daba margen de maniobra. La falta de recursos limita la acción del Estado, pensé.

No obstante, horas después de visitar Villa Helena, al cierre de la investigación sobre la dotación del coliseo “El Bicentenario”, que publicamos columnistas y periodistas, caí en cuenta de mi error. La problemática de los albergues, y la impotencia de Raguá para mitigar el impacto de la ola invernal, ofreciendo soluciones dignas, no se generan por la ausencia de recursos. La tragedia reside en un gasto público caprichoso, que falta a la más elemental austeridad e ignora las prioridades sociales.

Revisando la contratación del coliseo “El Bicentenario”, descubrimos que la Alcaldía de Bucaramanga adquirió unas sillas con espaldar para gradería a un precio exorbitante, de $137 mil pesos unidad. El argumento, que “las usa el Real Madrid” y su calidad para servir a eventos internacional. Sorprendentemente, en Armenia, la silla, en el mismo material, de iguales dimensiones, con características de calidad semejante, para el Mundial sub 20 (internacional por supuesto) la compraron apenas por $52.985 pesos. En la capital del Quindío compraron 15.000 sillas por 811 millones, y en la ciudad bonita adquirimos 7.400 por 1.017 millones. Un sobrecosto controvertible, que inexplicablemente asumió la Alcaldía. Todo mediante un contrato aterrador, con un supervisor interno, faltando al parecer al artículo 32 de la Ley 80. Ejecutando un gasto desmesurado en lo injustificable, que contrasta con el abandono de lo elemental, descrito en los primeros párrafos de este artículo.

Lo anterior refleja la paradoja de la función pública en Colombia, aquella que tiene relegada al olvido, precisamente su razón de ser: el interés público, el bien común.

Sobre el tema de las sillas y para contextualizarse: Escuche la entrevista del 27 de abril a Manolo Azuero y al Secretario de Infraestructura en la W

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